jueves, 13 de marzo de 2014

Regata a Rio- días 5 & 6

7 de Febrero

A las 0:00 hrs. tomamos la guardia. La noche era increíble. Soplaba buen viento del NNE y la chancha verde estiraba las patas. Alguna que otra nube cubría un cielo tapizado de estrellas. Bella noche para estar con alguna señorita, tomando unas copas. Pero estaba con 8 monos en un reducido espacio, en medio del atlántico sur El Nabucco para aquel entonces tenía una configuración de extremidades (timón y quilla) que lo favorecían con poco viento. O sea que soplaban 17 nudos y el barco iba de costado. Esa noche el viento empezó a subir y empezamos con el desfile de velas. Del G1 pasamos al G3 sin escalas, y pusimos una mano de rizos. El guardamancebos de barlovento no estaba muy tentador, pero el barco empezaba a escorar y estábamos en una regata. Más allá de esa incómoda posición, sentado con las patitas colgando, la noche era cálida y tranquila. Llegó mi turno de dormir. En regata se duerme siempre del lado de barlovento, salvo raras excepciones. El nabucco cuenta con 4 cuchetas utilizables en regata. Hay dos en la dinette y dos en popa. las de popa son un tema. La de arriba es una lona  tensada en un bastidor de aluminio. Un complejo aparejo la regula según el ángulo de escora del barco. El tema es que si ajustaban mucho ese aparejo, te encerrabas entre la cucheta y la cubierta del barco. Obviamente era la diversión del barco. Y obviamente, yo era el candidato ideal.
En la mañana todo seguía igual.  A un promedio de 7 nudos, el Nabucco estaba a sus anchas. Aquel mediodía,todos almorzamos juntos, aprovechando las fantásticas condiciones de navegación. El almuerzo era un matambre arrollado  que con mucho esmero había preparado la novia de Robert, uno de los owners.  Después del almuerzo me fuí a dormir y oh casualidad! Otra vez a esa especie de baticueva que era la popa. La cucheta era de algún tipo de cuerina o plástico y el calor que se generaba al contacto humano era terrible. Por su parte, Fico no se hacía mucho drama y dormía tirado en el piso. En fin, el descanso en un barco es muy relativo durante una regata de altura.  El viento siguió subiendo hasta unos 25 nudos. navegamos aparejados con 2 rizos y el sufrido G3. Las olas empezaban a mojar la cubierta y la humedad empezaba a extenderse por todas partes. El aroma que se respiraba dentro del barco no era muy sano, y nuestras caras empezaban a transformarse a medida que pasaban los días.  Esa noche ya costaba un poco más estar “haciendo banda” con los esporádicos rociones. En la banda, el Capa se cuestionaba su participación en la regata. -En este deporte no hay público, estás todo el tiempo mojado,cansado,  con frío y hambre. Pero lo más importante es que no atrae a muchas mujeres como el polo. Yo me voy a dedicar al polo. Ya fue esto…-
Más allá de su angustia, había que seguir, y faltaba mucho todavía.
 Un tema del que no se habla mucho pero todos quieren saber es el de las necesidades básicas del ser humano. El baño en un barco de estos, consiste en un diminuto inodoro y un lavatorio en un espacio tan grande como un ascensor de servicio. la”cadena” es una palanca que hay que accionar incansablemente, según el tamaño del “trofeo”. A esto hay que sumarle que el barco navega casi todo el tiempo de costado y se mueve para todos lados. Con esta introducción se podrán imaginar que no era muy inspirador ir al baño. Es así que en aquel entonces, algunos optaban por hacer sus sacrificios por la borda, agarrados al guardamancebos. Para mi, que ir al baño era una ceremonia que requeria mucho tiempo. la cosa estaba difícil y ya había pasado una semana sin novedades.
Pero dejemos estas cosas y volvamos a la regata, Aquella noche tuvimos el primer encuentro cercano con la fauna “local”. Un par de  desafortunados peces voladores aterrizaron sobre cubierta.  El pez volador del atlántico o Cheilopogon melanurus tiene un tamaño de 30 cm aproximadamente. Su característica principal son las aletas pectorales, desproporcionadamente grandes, que le permite literalmente volar sobre el agua.  Su aspecto físico se parece a un pejerrey con alas. Aunque me tentaba la idea de una fritata con estos pececitos, mi instinto de catch&release prevaleció y devolví a su medio a estos simpáticos animales. Para el momento de hacer números, aquel día  habíamos recorrido 140 millas.

8 de Febrero


El viento seguía firme del NNE en unos 20/21 nudos. Nuestra querida nave devoraba millas dificultosamente en una rabiosa ceñida.  la humedad seguía avanzando sin piedad sobre nuestras humanidades. Seis días sin bañarse pueden producir en una persona efectos lisérgicos. El traje de agua NO respirable más las botas de goma, empezaban a generar hongos alucinógenos en el cuerpo. Nuestra posición estaba más de 250 millas de tierra y seguimos incomunicados con cualquier clase de vida inteligente. Más tarde nos enteramos que éramos buscado hasta por la Armada Argentina, y hasta salimos en algún diario.El misterio del barco desaparecido. El día paso rutinariamente sin novedades. Por la tarde avistamos a lo lejos un tiburón. por el color y la morfología del pez, me atrevo a decir que era un escalandrún. Calculamos su tamaño en más de 2 metros, cosa que produjo cierto respeto por las aguas que surcabamos.  En las charlas de banda, seguimos discutiendo con Capa y Piraña los beneficios de jugar al polo.Ajeno a todo, Carlitos, nuestro capitán, timoneaba incansablemente durante horas. Las posiciones de los otros barcos eran una incógnita para nosotros y viceversa. Por dónde andaría el Sur, el Cambá… Habría llegado alguno ya…               Personalmente lo importante era terminar la regata. No eramos una tripulación de élite y lo importante era preservar la salud de la tonina verde. Aquella noche el viento empezó a bajar y largamos el rizo a la mayor, y pasamos al genóa 1 heavy.  La pobre vela estaba muy baqueteada y se empezaban a ver varios agujeros. Por suerte, Piraña, que de a poco se fue transformando en McGyver, pudo reparar las roturas. La paz que reinaba en el mar ese día, permitió que otra vez Piraña se luzca en sus habilidades múltiples.  Está vez era el turno de la cocina y nos preparó un puré de papas(ojo que no era puré cheff), acompañado como no podría ser de otra manera, de matambre arrollado. Para este entonces dicho manjar que veníamos comiendo los últimos días se había transformado casi en una mascota del barco, y daba pena seguir comiéndola. En términos de vencimiento yo calculo que estaba recontra-vencido y hubiese sido más útil para ser usado de carnada. Otra vez como en los últimos días, me tocaba la cucheta del terror. A decir verdad, me estaba encariñando con la madriguera y por mis pequeñas dimensiones, era el más apto para ese lugar.  Otras 145 millas por el día y ese numerito empezaba a ser una constante.

domingo, 9 de marzo de 2014

Río 96-día 3 y 4


5 de Febrero

A las 8 de la mañana arrancaba mi turno, y el día me recibía con una tremenda calma y el barco fondeado.  En algún momento el viento intento soplar con la intensidad de un bostezo, pero eso fue todo, un bostezo...  Casi 48 horas de navegación y solo habíamos recorrido 245 millas. Lo que se dice a paso de hombre. Pero la navegación es así , hay que cultivar mucho la paciencia. Para acallar la ansiedad izamos todo tipo de velas para ver si atrapaban alguna pizca de viento y de paso nos mantenía entretenidos. Otro de los pasatiempos que empezaban a hacer furor, era hablar por radio. Claro que nadie nos contestaba y uno se sentía ridículo hablando en ese extraño idioma que es el radial. “ control Punta del este, control Punta del este, me escucha, cambio”…. “Lo escucho 5 barra 5”… “QSL”.. y tantas otras frases que ridiculizan a los interlocutores. Durante el resto de la regata nadie se iba a comunicar con nosotros. Como custodia de la regata pusieron una corbeta(barco de guerra grande) para velar por nuestras almas. Los pobres marinos se la pasaron 9 días “rastrillando” el Océano Atlántico  tratando de encontrarnos sin resultado. Menos mal que fue una regata relativamente tranquila, o estaría todavía flotando en el océano con una larga barba y hablándole a una pelota de vóley llamada wilson. Esa tarde tuvimos contacto visual con un barco de la vuelta al mundo. Era el Whitbread 60 “Tokio”. Una supermaquina de aquella década, que nos paso como si estuviésemos parados… lo estábamos.
Por ese entonces cambiamos de guardia justo cuando la lluvia hizo su debut en esta regata. Cuando llueve en un barco, todo se entorpece. Los trajes de agua y sus capuchas dificultan enormemente la visión. La cubierta del barco se transforma en una pista de patinaje torcida donde un mal cálculo puede terminar con hombre al agua.  Es por eso que para regatas de altura es obligatorio el uso de un cablecito que recorre de punta a punta el barco. Cada vez que hay mal tiempo, los integrantes de la tripulación deben salir a cubierta con su arnés que deberán engancharlo al dichoso cable. En el Nabucco esa primera lluvia llegaba con una nueva calma. Desde el interior se veía  que el fastidio de mis compañeros aumentaba mientras que el viento se desvanecía por completo. Lentamente el sueño se apoderó de mí y caí rendido en la cucheta. Al rato, el barco se escoraba  lo suficiente como para que me despierte.  El viento había vuelto. Torpemente intenté asomarme afuera para ver qué pasaba. La lluvia se había ido y una brisa moderada nos empujaba, mientras forzábamos el ángulo del barco con un spinnaker 1.5. Repentinamente el viento rolo irrespetuosamente dejándonos completamente contra-amurados. En estas circunstancias por lo general, el barco se pone de costado y todo lo que no esta atado vuela por los aires como si estuviera en el espacio exterior. Un traje de agua colgado de una burda(la que había que filar para evitar la caída del palo) se soltó y terminó enganchado en el rizo de la mayor. Dentro de este caos logramos arriar el spi y establecer la nave.  Pusimos un G3 atangonado al mejor estilo snipe y a barrenar. Esta especie de tonina verde, debido a sus “curvas IOR”  no llegaba a velocidades épicas pero 12 nuditos no era nada despreciable.
Según el anemómetro del barco el viento tocó los 40 nudos y se mantuvo en unos 35 nudos. La tarde se evaporó detrás de las olas mientras la noche nos devoraba con su oscuridad.No habia luna y por primera vez aparecía la  famosa “sensación de viento”.  El efecto de la oscuridad produce que el viento aumente en promedio unos 5 nudos. Si la noche es calma la sensación es al revés y el viento sopla negativamente. O sea que si hay 3 nudos, la sensación va a ser de -2 nudos. Cosa de brujos. Pero aquella noche soplaban unos 30 nudos y la sensación subía bastante. Como no había luna esa noche, las noctilucas iluminaban cada ola que chocaba con el barco. Estos bichitos, son unos microorganismos que al contacto con el oxígeno, largan una luz fosforescente. El efecto es espectacular y  lo quise inmortalizar con mi precaria cámara de fotos análoga. Las cámaras digitales por lo menos en esta parte del globo, no existían. De más está decirles que en la foto no se ve absolutamente ninguna fosforescencia. La ballena verde rugía con cada barrenada y por primera vez estábamos excitados con la navegación.  Todos queríamos timonear, cosa que fue perdiendo interés con correr de los días.  

6 de Febrero

Del genoa 3 pasamos al 1 y logramos el récord de velocidad de toda la travesía. 14,3 nudos. Para nuestra querida tonina era todo un logro.  el viento se fue negando y empezamos a orzar. El rumbo que hacíamos era un poco extremo, ya que apuntábamos a Cape town.  Mi curiosidad me llevó a la mesa de navegación para tomar una posición. Nuestro GPS de aquel entonces era un poco anticuado y solo marcaba los numeritos de latitud y longitud. Para mi sorpresa descubrí que estábamos yendo para atrás. La estrategia nuestra de la regata era abrirnos de la costa en busca de vientos “portantes”. Pero exageramos un poco más de lo necesario.  Inmediatamente puse al tanto de esto a mi equipo de guardia y con la agilidad  de una tripulación olímpica, arriamos el genoa y pusimos un spinnaker. El viento había disminuido para ese entonces y el mar de fondo empezaba a sacudirnos de un lado al otro. El viento se calmó totalmente durante el mediodía, pero la ola no. El spi se zarandeaba de un lado al otro como bola sin manija. Y ocurrió lo inesperado.  Se enredó en el estay de tal forma que era imposible sacarlo sin romper nada. El Capa, con la agilidad de un primate, se trepó por el tangón  y de ahí al estay.  Fue inútil, y tuvimos que tirar del spi como locos para bajarlo. Bueno, a la falta de viento se sumó este pequeño inconveniente el cual retrasaba notablemente nuestra posición en la regata.  Cuando la locura empezaba a apoderarse de nosotros, una leve brisa empezó a soplar del ENE. La tonina verde navegaba a unos 6 nuditos con genoa 1 light.  Sacando números, habíamos hecho 146 millas en 24 hs.  No tan mal teniendo en cuenta que estuvimos 2 horas navegando para atrás.

sábado, 8 de marzo de 2014

Río 96- día 2


4 de Febrero

Una pegajosa calma total nos envolvía, y la corriente en contra hizo que tengamos que echar el ancla por unas horas. No había pasado un día que ya estábamos parados totalmente. La cosa venia lenta. Finalmente el viento se puso las pilas(si se puede decir así) y empezó a soplar  a unos ínfimos 9.5 nudos. El genoa 1 liviano(incluso mas liviano por los agujeros), empezó a empujar placidamente nuestra nave. Nuestra velocidad promediaba los 7 nudos( bastante bien para los troncos de la época). Al rayar el alba estábamos virando la torre de Oyarbide(algún pariente del polémico juez quizás). Esta marca la impone la organización de la regata para que los barcos de mayor calado puedan navegar en paz por las engañosas aguas del Río de la Plata. El ángulo del viento nos permitió izar el spinnaker. Durante la tarde, entre mates, galletitas y mucha charla, pasamos frente a Montevideo. El viento empezó a soplar con mayor intensidad y nuestra charla tan amena tuvo que ser suspendida. Unos cambios de vela y un par de viradas nos despabilaron un poco y se  puede decir que 24 horas después que largamos, empezamos a correr la regata. Por la tarde dejamos atrás la isla de Flores y apuntamos derecho a Punta Ballena. Alrededor de la medianoche viramos Punta del este, con muchísimas ganas de hacer una escala técnica en el afamado pub Moby Dick.  Ya estábamos oficialmente en el Océano Atlántico. En el agua salada, por alguna razón científica, los objetos flotan más, y la chancha verde que nos transportaba no era la excepción(a pesar de su volúmen). Esta sensación de liviandad, junto con las olas más largas y armónicas, elevabaron la moral de la tripulación después de sufrir una pegajosa e interminable salida del Río de la Plata.  Cruzar Punta del Este de noche es una agradable experiencia, con miles de lucecitas titilantes y distantes sonidos musicales de las infinitas fiestas que se suceden durante el verano. Mientras tanto nosotros seguíamos lentamente nuestra aventura a tierras cariocas.

El tema de las comunicaciones durante una regata de altura es muy importante. Las computadoras, los gps, los radares y diez mil cosas más que tenemos hoy en día, hacen que los navegantes no se sientan solos allá afuera.  Hasta los fanáticos, desde su casa, pueden seguir el caminito que recorren los barcos, gracias a los modernos programas de computación.  El Nabucco por aquellos años contaba con un GPS, una radio V.H.F. y el  infaltable stereo con parlantes “waterproof”… Aclaro que con una radio que tiene alcance máximo de 30 millas, íbamos a estar un poco aislados del mundo. Agregando más dramatismo a esto, el equipamiento de seguridad, constaba de unas bengalas de dudosa fecha de vencimiento, espejitos y  una balsa salvavidas para 8 personas.(Éramos nueve).

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