sábado, 8 de marzo de 2014

Río 96- día 2


4 de Febrero

Una pegajosa calma total nos envolvía, y la corriente en contra hizo que tengamos que echar el ancla por unas horas. No había pasado un día que ya estábamos parados totalmente. La cosa venia lenta. Finalmente el viento se puso las pilas(si se puede decir así) y empezó a soplar  a unos ínfimos 9.5 nudos. El genoa 1 liviano(incluso mas liviano por los agujeros), empezó a empujar placidamente nuestra nave. Nuestra velocidad promediaba los 7 nudos( bastante bien para los troncos de la época). Al rayar el alba estábamos virando la torre de Oyarbide(algún pariente del polémico juez quizás). Esta marca la impone la organización de la regata para que los barcos de mayor calado puedan navegar en paz por las engañosas aguas del Río de la Plata. El ángulo del viento nos permitió izar el spinnaker. Durante la tarde, entre mates, galletitas y mucha charla, pasamos frente a Montevideo. El viento empezó a soplar con mayor intensidad y nuestra charla tan amena tuvo que ser suspendida. Unos cambios de vela y un par de viradas nos despabilaron un poco y se  puede decir que 24 horas después que largamos, empezamos a correr la regata. Por la tarde dejamos atrás la isla de Flores y apuntamos derecho a Punta Ballena. Alrededor de la medianoche viramos Punta del este, con muchísimas ganas de hacer una escala técnica en el afamado pub Moby Dick.  Ya estábamos oficialmente en el Océano Atlántico. En el agua salada, por alguna razón científica, los objetos flotan más, y la chancha verde que nos transportaba no era la excepción(a pesar de su volúmen). Esta sensación de liviandad, junto con las olas más largas y armónicas, elevabaron la moral de la tripulación después de sufrir una pegajosa e interminable salida del Río de la Plata.  Cruzar Punta del Este de noche es una agradable experiencia, con miles de lucecitas titilantes y distantes sonidos musicales de las infinitas fiestas que se suceden durante el verano. Mientras tanto nosotros seguíamos lentamente nuestra aventura a tierras cariocas.

El tema de las comunicaciones durante una regata de altura es muy importante. Las computadoras, los gps, los radares y diez mil cosas más que tenemos hoy en día, hacen que los navegantes no se sientan solos allá afuera.  Hasta los fanáticos, desde su casa, pueden seguir el caminito que recorren los barcos, gracias a los modernos programas de computación.  El Nabucco por aquellos años contaba con un GPS, una radio V.H.F. y el  infaltable stereo con parlantes “waterproof”… Aclaro que con una radio que tiene alcance máximo de 30 millas, íbamos a estar un poco aislados del mundo. Agregando más dramatismo a esto, el equipamiento de seguridad, constaba de unas bengalas de dudosa fecha de vencimiento, espejitos y  una balsa salvavidas para 8 personas.(Éramos nueve).

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